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Trastornos alimentarios (II)


   La semana pasada te puse en situación sobre la temática de los trastornos alimentarios para que tuvieses una idea del impacto que tienen en la sociedad actual, la gravedad que conllevan y la importancia de su tratamiento (para ver Trastornos alimentarios (I), pulsa aquí). Esta semana voy a hablar de los tipos más importantes de trastornos alimentarios y de los factores que predisponen, desencadenan y mantienen la enfermedad, así como qué hacer ante un posible caso de trastorno de la conducta alimentaria (TCA en adelante).

¿QUÉ SON LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS?

Son trastornos psicológicos en los que el miedo a engordar y al rechazo de los demás, la alteración de la percepción del peso y la silueta y la dependencia de la opinión de los otros provocan alteraciones graves de la conducta alimentaria y de la vida afectiva.020-trastornos-alimentarios-3012522_s-123rf-300x200

Los tipos más importantes por su prevalencia en la sociedad actual son la anorexia y la bulimia nerviosa, aunque últimamente están tomando relevancia el trastorno por atracón  y la obesidad (infantil).

ANOREXIA NERVIOSA

Independientemente de los criterios médicos y psicológicos que se utilizan para diagnosticarla, me interesa que sepas y tengas en cuenta cuales son las características físicas y conductuales que presenta junto con la afectación generalizada de su salud. No conviene olvidar que las personas con esta enfermedad suelen negar su problema, por lo que se resisten a ser ayudadas y tratadas ya que, para ellas, la terapia es una manera de obligarles a comer y cebarlas, que es lo que más temen.

Indicadores de la anorexia nerviosa

  • Restricción alimentaria autoimpuesta. Tienden a probar todas las dietas y productos dietéticos sin necesidad.
  • Pérdida de peso y de la menstruación, enfermedades y debilidad.
  • Preocupación excesiva por el peso (cuerpo, imagen, comida… se pesan y se miran al espejo excesivamente), distorsión de la imagen corporal y pánico a engordar.
  • Rituales con la comida. Cuentan calorías, cortan la comida en trozos pequeños, la desperdigan por el plato para dar la sensación de haber comido más de lo que lo han hecho, comen muy lento, etc.
  • Hiperactividad. Se mueven mucho ya que lo relacionan con la pérdida de calorías.
  • Uso de laxantes o diuréticos.trastornos_alimenticios300X175
  • Atracones o vómitos ocasionales.
  • Evitan comer en familia.
  • Mentiras y manipulaciones.
  • Negación de la enfermedad.
  • Cambio de carácter (agresividad, tristeza, apatía, ansiedad…).
  • Aislamiento social. En ocasiones se empieza al revés: las chicas salen mucho porque estar fuera de casa les facilita saltarse comidas y engañar a la familia, pero conforme se va instaurando la enfermedad y comienzan a sentirse peor con su cuerpo, comienzan a aislarse.
  • Excesiva exigencia y perfeccionismo. Suelen ser chicas muy ordenadas, muy responsables, que sacan excelentes notas y se exigen mucho a la hora de realizar cualquier actividad o emprender cualquier proyecto.
  • Baja autoestima, alexitimia (incapacidad para identificar y expresar emociones y sentimientos propios), inseguridad, etc.
  • Miedo a la responsabilidad, a crecer, etc.
  • Dependencia de los demás.

BULIMIA NERVIOSA

Se caracteriza por un irresistible impulso por comer de manera episódica, incontrolada, compulsiva y rápida, grandes cantidades de alimentos ricos en calorías durante un periodo de tiempo que puede ir desde los pocos minutos a horas y durante los cuales la persona experimenta una pérdida de control sobre la conducta alimentaria (no pueden parar de comer).

Esta ingesta desmesurada produce una sensación de hinchazón, malestar físico y náuseas por la plenitud, lo que junto al sentimiento de culpa y vergüenza, generan depresión y autodesprecio, originando todo ello el vómito reflejo o inducido para disimular el malestar físico y evitar la digestión de lo ingerido. Cuando no consiguen el vómito usan laxantes o diuréticos,  o el riguroso ayuno posterior para controlar el peso por miedo a engordar.

Indicadores de la bulimia nerviosa

  • Comen de forma excesiva y compulsiva (atracones) y luego realizan conductas para compensarlo tales como vómitos, uso de laxantes, diuréticos, pastillas adelgazantes o dietas restrictivas.
  • Preocupación constante y excesiva por el peso (cuerpo, imagen, etc.). Pánico a engordar.
  • Sensación de pérdida de control con la comida.
  • Ansiedad.
  • Hipertrofia de las parótidas a causa de los vómitos.
  • Signo de Russell (callosidades en los nudillos de las manos, especialmente en los dedos índice y medio y que son fruto también del abuso del vómito).
  • Problemas dentales.
  • Menstruación irregular.comida_720
  • Estreñimiento.
  • Oscilaciones de peso.
  • Evita comer en público o come a escondidas.
  • Desaparece comida de casa.
  • Después de las comidas, va al WC con urgencia.
  • Mentiras y manipulaciones.
  • Cambios de carácter (agresividad, irritabilidad, depresión, desmotivación, etc.), inestabilidad emocional, baja tolerancia a la frustración.
  • Desorganización de la propia vida, compulsión por las compras, cleptomanía, predisposición al consumo de tóxicos, etc.
  • Agresividad y autoagresividad. Amenazas e intentos de suicidio.
  • Dificultad en la aceptación de límites familiares.
  • Relaciones de dependencia e inestables.

FACTORES DE PROTECCIÓN ANTE TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Como ya te conté en el post anterior, nos encontramos inmersos en una sociedad de consumo, superficial, competitiva y muy exigente con lo que se ha establecido como “imagen ideal”. Además, ya mencioné también como el ambiente familiar en el que ambos progenitores se ven en la necesidad de trabajar fuera, deja al niño/a con muchas carencias emocionales y afectivas que le hacen ser más débil ante todo ese bombardeo de información que le llega de fuera.

Es por ello, que debes intentar fomentar los siguientes factores en tu entorno familiar para que tus hijos/as tengan herramientas que les sirvan de apoyo y no estén tan desprotegidos ante los mensajes e influencias externas negativas.

  • Hábitos alimentarios sanos.
  • Actividad física adecuada.
  • Aceptación y valoración personal.
  • Comprensión y expresión adecuada de lo que siente.
  • Responsabilidad en su escala de valores.
  • Capacidad para divertirse de manera creativa.

SEÑALES DE ALERTA EN LA ESCUELA

Los niños/as pasan muchas horas en el colegio y es por tanto un entorno en el que se pondrán de manifiesto muchas conductas que podrán indicarnos la existencia o riesgo de aparición de un TCA. Si tienes sospechas de que tu hijo/a puede estar padeciendo un trastorno alimentario, no estaría de más hablar con sus profesores o tutores para ver si han detectado alguna de las siguientes señales:

  • Buenos resultados académicos, pero siempre piensa que podrían ser mejores.
  • Elevada exigencia y perfeccionismo en todo lo que hace.
  • Sale al recreo y se aísla de los demás compañeros.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Actitud triste y decaída.Trastornos-alimenticios
  • Cambio de peso significativo sin explicación.
  • Preocupación excesiva por el tipo de alimentos, productos light, dietas, cuenta calorías, etc.
  • Rituales en la forma de comer como la forma de masticar, el ritmo, el orden, desmenuza alimentos, etc.
  • Pone excusas para saltarse comidas.
  • Después de las comidas siempre va al baño.
  • Se mira mucho al espejo, sobre todo después de comer.
  • Habla mucho sobre el peso, aspecto físico suyo y de los demás, propiedades de los alimentos, etc.
  • Hace demasiado ejercicio, no se queda quieta.
  • Se pone varias capas de ropa, siempre tiene frío.
  • Poca flexibilidad ante los cambios.

¿QUÉ HACER ANTE UN POSIBLE CASO DE TCA?

  • Lo primero que debes hacer es observar todos los signos y factores que he mencionado anteriormente (signos de detección precoz).
  • Luego deberías recoger toda la información posible de los compañeros de su entorno más cercano.
  • Habla directamente con ella generando un ambiente de confianza. No le culpabilices.
  • No te centres en la comida y en el peso, en vez de eso, haz hincapié en su sufrimiento psicológico.
  • Dirígete a un servicio especializado.

¿QUÉ EVITAR?

  • Negar el problema o restarle importancia.
  • Engañar a la persona para ganarte su confianza.
  • Poner el acento solo en el peso o en la comida.
  • Evitar actitudes paternalistas o broncas.
  • Acciones terapéuticas insuficientes o parciales (poner una dieta, dar anticonceptivos orales para la amenorrea, dar medicación sin otras actuaciones, tratar un síntoma aislado, etc.)

El mundo de las emociones


Todos los seres humanos experimentamos unas emociones básicas como la alegría, la tristeza, el miedo o la ira, pero diferimos en la manera de sentirlas y manifestarlas.

4 emociones basicasHasta aquí imagino que todos estamos de acuerdo. Pero, ¿qué son realmente las emociones?

Intentando no ser demasiado técnica, podría decir que son procesos de reacción ante acontecimientos significativos y relevantes para la persona. No son solo experiencias intrapsíquicas, sino procesos de cambio para iniciar, mantener o interrumpir una relación relevante con el entorno tanto interno como externo.

Y más importante todavía que su definición. ¿Para qué sirven las emociones?

  • Constituye una especie de señal interna del sujeto que informa al sistema cognitivo y conductual sobre si una situación es peligrosa o favorable (sensibilización emocional).
  • Guía y organiza la conducta. Juega un papel crucial, sobre todo en la infancia, como señal comunicativa (respuesta emocional).
  • De las dos anteriores podemos deducir que las emociones tienen una naturaleza preventiva y anticipatoria.

El desarrollo emocional debe considerarse en estrecha relación con el resto de los procesos del desarrollo e inmerso dentro de un contexto relacional. Los tres principales factores a tener en cuenta son la evolución de la expresión, el reconocimiento y la regulación emocional. Veamos pues, el desarrollo de cada uno de estos factores a lo largo de los años:

Expresión emocional

Durante los dos primeros meses de vida, los estados afectivos de los bebés están muy relacionados con los estímulos internos. Expresan su malestar mediante el llanto, que es el modo más poderoso que poseen para comunicar sus necesidades. La sonrisa, que comienza siendo un acto espontáneo originado por la actividad del sistema nervioso, pasa a ser voluntaria poco a poco en respuesta a situaciones que le reportan tranquilidad y bienestar.

Alrededor de los cuatro meses surge la risa y los niños ríen a carcajadas ante situaciones muy diversas. También comenzaran a expresar sorpresa, furia o tristeza.

Entre los cinco y los siete meses aparece el temor, que pretende informarte sobre su necesidad de sentirse protegidos (muy relacionado con los apegos).

Además de las emociones básicas, los seres humanos desarrollamos la capacidad de experimentar unos sentimientos más complejos. Es lo que denominamos emociones autoconscientes. Entre los 18 y los 24 meses podrás distinguir en tu hijo emociones como la empatía, el recelo o la timidez y a partir de los 2 años la vergüenza, el orgullo, la culpa y el miedo (diferente al temor del que hablaba antes).emociones

La aparición de estas emociones se relaciona con el creciente sentido del yo, de la autoconciencia, de la relación con otros y de la adaptación a las normas.

Para experimentar orgullo, vergüenza o culpa, es necesario valorar la propia conducta en relación con otras personas, con las normas y valores sociales que se han ido incorporando. Sentir miedo es otra característica de este periodo. Parte de un sentimiento de vulnerabilidad, de un yo en peligro, y promueve autodefensa y autoprotección.

A lo largo de los años las expresiones emocionales se van diferenciando cada vez más entre si, se hacen más selectivas y van ganando en intensidad, rapidez y duración.

Reconocimiento de las emociones

Los niños de pocos meses son capaces de diferenciar ciertas expresiones faciales, pero el verdadero reconocimiento que asocia significado emocional con expresión se produce a partir del cuarto mes. Y es a partir de ahí cuando empiezan a responder de forma adecuada a tus expresiones emocionales.

Esta capacidad para interpretar y responder adecuadamente se hace patente de manera más clara a finales del primer año de vida con lo que nosotros llamamos referencia social. Esto significa que ante situaciones ambiguas el niño dirigirá su mirada hacia ti y utilizará esa información como referencia social para evaluar el objeto o situación que le crea incertidumbre y regular así su propia conducta.

Los niños, además de reconocer las emociones de los demás, son capaces de empatizar o compartir sus estados afectivos. La empatía es la capacidad para compartir y sentir una emoción tal y como la siente el otro y responder con emociones complementarias. Se pueden distinguir cuatro niveles de empatía:

  • Empatía global. Durante el primer año el niño ya no es ajeno al dolor de los demás, por ejemplo, puede llorar como respuesta al llanto de otro bebé.empatia
  • Empatía egocéntrica. Del primer año en adelante, los niños ya no lloran o buscan consuelo como reacción al dolor de otra persona, sino que son conscientes de que es el otro y no él la verdadera víctima. Al mismo tiempo, intentan aliviar el dolor realizando aquello que les aliviaría a ellos (egocentrismo).
  • Empatía con los sentimientos de los demás. Hacia los 2-3 años nos encontramos con avances importantes. Ya diferencian entre el yo y los otros perfectamente y además son capaces de empatizar con sentimientos de tristeza y alegría en situaciones simples que poco a poco irán ganando complejidad hasta llegar al punto de poder empatizar con varias emociones contradictorias entre si.
  • Al final de la infancia e inicio de la adolescencia se darán situaciones empáticas con la “desgracia general” de los demás.

Entre los 3-4 años empiezan a captar las regularidades de determinadas situaciones y aprenden a “hacer guiones” en los que se asocia una situación con su respectivo estado emocional. A esto lo llamamos conocimiento situacional y un ejemplo de ello puede ser recibir un regalo = estar alegre.

Entre los 6-12 años el logro más destacado es la comprensión de que puedan existir emociones diversas e incluso contradictorias. Es lo que conocemos como ambivalencia emocional y presenta una secuencia evolutiva según la edad:

  • De 3 a 6 años los niños son incapaces de concebir que una misma situación pueda producir dos emociones sucesiva y/o simultáneamente.
  • De 6 a 7 años aceptan que hay situaciones en las que se pueden sentir dos emociones diferentes, pero siempre considerando que una de ellas sigue a la otra. Un ejemplo sería cuando se queda solo, momento en el que primero siente miedo y no se siente alegre hasta que no vuelve a ver a los padres.ambivalencia emocional
  • De 8 a 9 años admiten la probabilidad de que una situación provoque emociones contradictorias a la vez. Como la alegría y el miedo que pueden sentir al montarse por primera vez en una montaña rusa.
  • De 10 a 12 años ya son capaces de comprender y explicar que una misma situación provoque sentimientos positivos y negativos a la vez.

Regulación emocional

Tal y como vimos anteriormente la emociones favorecen la supervivencia y la adaptación humana, pero para ello, es preciso que sean flexibles, acordes a la situación y controlables.

Los bebés nacen con ciertas capacidades básicas de control emocional como cuando apartan la cara de la luz intensa que les produce malestar o como cuando succionan como manera de sentir alivio en vez de para alimentarse. Estos mecanismo rudimentarios se van desarrollando mediante factores madurativos, psicológicos y sobre todo a través de la interacción social contigo. Tú, como padre o madre, deberás ser el que le ayude a tolerar y a afrontar niveles de tensión, el que le proporcione estrategias de regulación y el que promueva en ellos sentimientos de control.

Entre los 2-3 años el dominio del lenguaje también constituirá para el niño una importante herramienta de expresión y control emocional.

Entre los 3-6 años, los niños suelen buscar apoyo social, aunque también ensayan estrategias como la distracción o la reestructuración cognitiva (“no me salió tan mal”, “no me gustaba tanto el juguete”, etc.).

Los progresos en esta etapa se hacen patentes con la aparición de su capacidad para ocultar emociones en determinadas situaciones tal y como se les ha enseñado (por ejemplo, mostrar alegría ante un regalo que no nos gusta). Esta capacidad de ocultamiento se hace mucho más eficaz entre los 5-6 años, que es cuando se hacen conscientes de que los demás pueden captar sus sentimientos. De hecho, aprenderán a ocultar sus sentimientos para desorientar a los demás y no solo por acatar las normas de los adultos.

A partir de los 6 años el control y la regulación emocional se hacen más precisos. Las estrategias de control que antes eran externas pasan a ser autorreguladoras y les ayudan a manejar las tensiones de la vida diaria. Utilizarán la distracción conductual (hacer algo abrazo_amigasagradable y que genere una emoción positiva para liberar la mente de lo desagradable) y mejorarán su capacidad de reestructuración cognitiva. Los padres seguís siendo las personas a las que acude cuando necesita alivio y consuelo, pero, a la vez, los amigos van a ir ocupando un lugar cada vez más importante a la hora de proporcionar apoyo. Hecho que se constatará claramente en los años adolescentes.

Para terminar, desde Creciendo Junto te recomiendo que ayudes a tus hijos a expresar siempre sus emociones en un contexto protegido (sin que le riñas y/o asustes) para que puedan comprenderlas y aprendan a encontrar soluciones adaptativas.